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Syndicate

Todavía me acuerdo
Written by Administrator   
Wednesday, 23 December 2009

Aunque le resulte chocante al improbable lector, todavía me acuerdo de cómo volvimos de Osjek, Croacia, donde nuestro esforzado amigo, no contento con los trabajos que se había tomado para llegar allí, tuvo a bien ejercitarse en actividades acuáticas, siempre en calidad de seleccionador nacional de hockey subacuático. lo cual le granjeó, una vez más, las iras de sus coequipiers.

 

Aquellos de ustedes a los que les pueda parecer que el gran Alberto fue injustamente vilipendiado, que vilipendiado fue, por haber dedicado un día de descanso a entrenar su minoritario buceo, deben saber que la marcha fue reanudada al día siguiente sin que el malestar de sus gregarios le permitiera dar un solo relevo. El día transcurrió sin novedad, ciento y pico kilómetros totalmente llanos hasta Virovitica, una habitación con tres camas, la grande para el Javier Clemente del stick, tres platos de spaguetti bolognesa, dos botellones de pivo y una bebida azucarada que propició la actuación del camarero más dicharachero de la antigua Yugoslavia con su celebradísimo chiste "coke is joke".

 

Chica
Creo que Diego está en esta foto.

 

Y así llegó la etapa con final en Zagreb, con dificultades montañosas de decimonovena categoría en los primeros veinte km. Comprensiblemente, el favorito a la victoria final acusó el esfuerzo hecho en jornadas anteriores y cedió algo más de un millar de segundos, pero no tuvo problema en recuperarlos aprovechando la media hora que paró el pelotón a hablar con un entrañable señor en un alemán absolutamente abominable por ambas partes. Después, Zagreb se presentó ante nosotros tras una kilometrada llana.

 

Zagreb es un lugar curioso, con tranvías que parecen ser gratuitos, en el sentido billeteril, y que tantos y tantos trotamundos interrail, barra, mochileros les describirán de la forma más detallada. Nosotros nos dedicamos a comer kebab, beber cerveza en una terraza en medio de un botellón multitudinario, vagabundear y ver los juegos olímpicos en el albergue, donde también tuvimos ocasión de tomar parte en un caso de violencia morfeica de una reciprocidad casi gloriosa en la que se vieron implicados unos zagales, tal vez ingleses, primero borrachos y después lo de después.

 

Zagreb-Ljubljana estaba programado en una etapa soleada, pero llovió. Como uno es más bien hidrófobo, además de cuatroojos, pasó un mal día, lo cual incrementó la felicidad de un Alberto ya de salida contento, como se puede apreciar el la imagen.

 

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Esta vez con estas pintas, la siguiente vez iría a Eslovenia en bañador y aletas, a título de estrella internacional del hockey subacuático. Así de contento estaba, y eso que no había empezado a llover.
 

 

Pero llegamos a Ljubljana, con Diego dando relevos de cincuenta kilómetros y discutiendo sobre la edad de no sé quién. El albergue fue localizado rápìdamente y nuestra presentación en sociedad no tardó en producirse. Cuatro días eran muchos para estar en aquella ciudad un poco almibarada y decidimos, tras acaloradas discusiones provocadas por lo inexacto de la cartografía disponible, ir a Bled un poco por donde tocase. Al final, la situación se resolvió con un ataque por detrás en un paso a nivel y unas conversaciones con la población local que habría pagado por presenciar y habría rentabilizado publicando.

 

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Los ruegos a la virgen del ateo de Diego no valieron para nada. Ese cielo gris acabó todo en nuestra ropa.
 

 

 Esta vez en el hostal se consumieron seis platos de spaguetti, en sucesivas tandas de tres, lo cual, junto con la correspondiente cerveza, contribuyó a aplacar la ira de aquí un servidor, provocada por la exhibición weismulleriana del hombre que nos había estado chupando rueda una semana.

 

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He aquí el lago de la discordia.
 

 

Al día siguiente vuelta para la capital, por un puerto de categoría, con un río estratégicamente colocado que dejó a Alberto solo en cabeza durante largo rato e hizo las delicias de una eslovena señora que, desde su balcón, pudo observar cómo un fornido muchacho en cueros saludaba a la afición. Desafortunadamente, el segundo fue un tanto más pudoroso.

 

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El agua estaba fresquita.

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Y había alguna pirañas testiculares.

 

 La despedida de Ljubljana fue incomprensiblemente memorable, dejando algún resquemor en el ambiente debido a la misteriosa desaparición de una parte de nuestras provisiones y un doloroso trayecto de treinta kilómetros al aeropuerto. El resultado final: ¿la próxima para cuándo?

 

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Qué musculaturas apolíneas.

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Qué hermosos jóvenes.
 

Last Updated ( Wednesday, 23 December 2009 )
 
Y el Este quedó conquistado.
Written by Administrator   
Friday, 22 August 2008

Pues casi no llegamos a Barcelona a tiempo de coger el avión. RENFE hizo para esto todo lo que pudo, pero se ve que ya más de una hora de retraso les parece, como diría uno que yo me sé, no muy puntual, así que facturamos nuestras bicicletas justo antes de las últimas llamadas. Como, al igual y a diferencia de otras compañías respectivamente, Clickair también sufre retrasos pero se comporta como si nada aunque éstos estén, digamos, planeados desde hace meses, pues se dio la paradoja de que nos pegamos la sudada que se aprecia en sus pantallas para luego esperar al embarque durante mucho rato. Pero bueno, se nos pasó la pena cuando las máquinas llegaron a Budapest en prefecto estado.

Sudadas interesantes.
Nenes sudados gracias a un retraso de una hora en el tren Miranda-Barcelona y una pasarela cercanías-terminales con suelo de goma. Supongo que los agradecimientos se le deben a una combinación de RENFE y AENA.

Una vez en el aeropuerto de Budapest, tras extasiados montar nuestras indomables máquinas biciclas, partimos hacia el Budapest del aeropuerto. Evidentemente, éste no estaba al lado del ayuntamiento ni mucho menos, y 25 kilometros de autovía con abundantes signos de prohibido circular en bicicleta y conductores dispuestos a poner a prueba nuestra templanza nos dieron la bienvenida. Por esto hungría no ocupa un lugar privilegiado en nuestros corazones mientras que los conductores húngaros y la madre que los parió sí que lo harán en nuestras frases junto con una cantidad considerable de palabras soeces.

 

Rocco está palote.
Lo que las guías de mis queridos lectores probablemente no mencionen es que los destinos que interesan a los ciclistas húngaros son de lo más variados.

De todas maneras, no tardamos en llegar al albergue que teníamos reservado y pasamos el día siguiente viendo una ciudad que las guías turísticas y otros tecleadores describirán mucho mejor de lo que yo puedo y quiero, así que sólo diré que no tardamos en descubrir que una gerontohorda tenía la intención de hacernos la competencia. Ni ellos ni nosotros sabíamos lo que nos esperaba...

Gerontohorda.
Esta banda de sinvergüenzas llevaba la parrilla cargada de certificados médicos.
 

 Nuestro exhaustivo análisis de la ciudad durante día y medio fue perfectamente documentada por Alberto mediante una técnica fotográfica conocida como stop-motion. Afortunadamente, la memoria de que disponían nuestras cámaras era limitada y tuvo que utilizar métodos menos eficaces en otros lugares, lo cual evitará muchas lipotimias cuando enseñe las fotos a sus familiares y enemigos.

 

Huevos de león.
Diego enseguida entró de lleno en la gastronomía del lugar, cuyo plato principal parece ser, según este documento gráfico, algo relacionado con los huevos de león. ¡Lo que es evidente es que el animal no tiene nada que objetar!

 Llegó el momento de partir y pusimos nuestros motores en marcha, unos a la primera y otros a la segunda, como pueden ustedes apreciar en las imágenes, para dirigirnos al lago Balaton, a unos ciento y pico kilometros.

 

Mal montao.
Este zagal, que es evidentemente Diego fingiendo ser yo para ocultar su vergüenza, aprendió a montarse en su bicicleta por el popular método de prueba y error. Para los no entendidos, en el momento de la instantánea se encontraba a punto de darse cuenta de que, efectivamente, su hipótesis era incorrecta.

 No tuvimos dificultades para seguir la ruta que habíamos planeado, aparte de estar alrededor de media hora perdidos después de meternos por error a la autovía (mea culpa), y avanzamos a buen ritmo, con calor y poco viento, por un terreno obscenamente llano, lo cual hizo tanto mayor nuestra sorpresa cuando el jefe de filas mostró debilidad a mitad de recorrido. Incautos de nostros, no nos habíamos dado cuenta de que la carretera que seguíamos se cruzaba con una más grande y, en consecuencia, había que pasar por un puente por encima de ella. Al ser nuestro equipo uno planeado alrededor de un sprinter, la mencionada dificultad montañosa echó al traste nuestros planes de victoria. De todas maneras, llegamos a Siófok sin novedad, no sin por el camino ver a un competidor tal vez alemán a la sombra de un puente y una muchacha de belleza extrema que perdió todo su encanto al no ser la única al borde de la carretera, y dormimos en un camping todos juntitos.

Diego usa un banco
Las plazas de los pueblos de Hungría tampoco son tan diferentes de las nuestras, pero Diego se mostró incapaz de utilizar correctamente sus bancos, estupidez que rápidamente atribuimos al siempre útil 'jet lag'.

Al día siguiente tomamos rumbo sureste y subimos cuesta tras cuesta mientras conocíamos la Hungría más rural, donde la presión de los energúmenos motorizados era menor y todos los pueblos tenían fuentes, aunque posicionadas comforme a criterios que no llegamos a entender. La belleza de los campos de maiz y los robledales no pudo, sin embargo, evitar el desfallecimiento de nuestro compañero, que sufrió las iras de los km, el ritmo y la falta de preparación. Aun así, llegamos a la preciosa localidad de Szekszárd, relativamente cerca de las fronteras con la ex-Yugoslavia, y nos alojamos en un colegio menor tras obtener las primeras pistas sobre la reducida extensión de las habilidades cartográficas en la zona.

Iker y sus platos
Como no había platos en la cocina del colegio menor en el que estábamos en Szekszárd, nos compramos esta vajilla de la señorita Pepis que habría hecho las delicias de cualquier menor de cinco años.

El 5 de agosto nos lo tomamos con calma y el viento sopló a favor la mayor parte del tiempo. Como además era todo llano, llegamos a la frontera con Serbia sin grandes esfuerzos y con Diego tirando bertsos todo el camino. Allí dos rollizos policías húngaros nos miraron sonrientes los pasaportes y se interesaron por nuestro viaje. A pesar de que no había absolutamente nadie más cruzando por aquella aduana en la que vimos al menos cinco personas trabajando, no nos retuvieron en absoluto. En el lado serbio había algunos agentes más, y de rolliceces nada, pero cruzamos incluso con mayor celeridad.

Dobrodosli Srbja
Un camionero serbio nos hizo esta foto tras ofrecerse él mismo. Al darle las gracias, y mientras se subía a su camión, nos gritó 'twenty euro!', en una muestra de humor serbio del que ya había oído hablar.

 Subotica es una ciudad importante de Voivodina a la que le pusieron un nombre muy adecuado para que los viajeros incautos como nosotros sepamos cómo es esa parte de Serbia. Básicamente, está llena de farmacias. Hay farmacias en todas partes, muchas están puerta con puerta con otras farmacias. Si alguien dice haber ido a Voivodina (sobre el resto del país no puedo hablar) y no sabe cómo se dice farmacia en serbio, miente. Personalmente, pasé la mayor parte del tiempo maravillado por el alfabeto cirílico, el cual se mezcla con el latino de forma completamente cahótica. Así, y por seguir con lo de las farmacias, sus inconfundibles letreros verdes rezaban apoteka unas veces y апотека otras. Ahora bien, los letreros que a más altas cotas llevaban su gloriosa incomprensibilidad eran aquellos que además incorporaban el húngaro. Lamentablemente, no me encuentro en disposición de deleitarles con un documento gráfico que lo acredite.

¿Cuánto queda?
¿Cuánto falta? ¿Ya hemos llegado? - Sí amigos, porque perdidos no estábamos.

 Por lo demás, Diego practicó su francés con una de las simpáticas vendedoras de gyros (döner kebab) de la ciudad, a las que divirtió mucho que terminasemos de comer y entrásemos a por otro, y empezamos a notar lo generalizado que estaba entre las mujeres de la zona el estar de muy buen ver, cosa que se intensificaría en nuestros destinos subsiguientes. Por la mañana cogimos nuestras bicicletas, por las cuales habíamos temido al preguntarnos un empleado del albergue cuánto costaban - pareció decepcionado porque no llegaban a los mil euros cada una, lo cual nunca sabremos si las salvó -, y nos dirigimos al sur, dirección Novi Sad (más conocido por la zona como Нови Сад). Allí llegamos sin mayor novedad, tras recorrer interminables llanadas cubiertas de maiz con números identificando los diferentes cultivos, suponemos que para saber cuál lleva el gen de pez y cuál de pulpo - supusimos que el afamado 'tomacco' andaría cerca -.

 

Diego Juez
Cuál fue nuestra sorpresa cuando, al cruzar un río en la mitad de Voivodina, nos adelantó a toda velocidad nada menos que David Juez.

 Novi Sad, en la orilla del Danubio, nos pareció un lugar extraordinario, donde la belleza de la ciudad sólo encuentra competencia en la de las mujeres que la habitan, la cual es no solo inmensa, sino absolutamente abrumadora en su cantidad - suponemos que lo mismo podrá decirse de los hombres, aunque no tuvimos tiempo de mirarlos, ocupados como estábamos en lo que se ha comentado -. Allí nos alojamos en el Hostel Downtown, regentado de forma sublime por un joven completamente calvo de lo más extravagante, y donde unos eslovenos le recomendaron a Diego la palabra 'opušten' para expresar el popular 'estate tranquilo'. No puedo por menos que transcribirles a ustedes el siete que le hizo a uno de nosotros el calvo:

 

El calvo entra en la habitación de siete camas con dos chicas alemanas y les señala dos de ellas. Nos mira y dice: "I bring you good company!", tras lo cual se dispone a marcharse. La víctima del siete, desde su cama donde está tumbado, empieza a decirle, a su manera particular, algo que podría interpretarse como: "If you have some more, you can bring them to us too!", al comienzo de lo cual el calvo se vuelve abruptamente y grita: "Are you talking to me!? Are you talking to me!?", para al final de la frase de su víctima reclamar: "Translate into English, please", mientras miraba a los demás con cara de bromista. Así es el calvo.

 

 Después de un día de descanso en Novi Sad, cogimos la carretera más corta a Belgrado y alquilamos una habitación en un albergue con aire acondicionado, lo cual fue muy de agradecer. Creo que se llamaba Hostel Centar y está cerca de la estación de ferrocarril, aunque es un poco difícil de encontrar. Me pareció mucho lujo para el precio que cobraban, porque tenía un ordenador por habitación con una pantalla de tropecientas pulgadas, una televisión plana con satélite también por habitación y máquinas de agua en todos los pisos, esto a unos veinte euros por barba, desayuno incluido. De todas maneras, ganas no les faltaban a los que lo regentaban, que uno de ellos nos trajo el desayuno (un bocadillo de jamón cocido con queso, tomate y algo más y un yogurt grande y bueno) al cuarto y no nos dio dos besos de milagro. Recomendado queda el lugar, donde nos hicieron descuento (10%) por tener carnet de alberguista.

 

Iker Yugo
Nos alquilamos un coche marca Yugo, pero no supe abrirlo. Además, en la pared se ven pintadas en contra de la Unión Europea, la OTAN y la independencia de Kosovo.

Nos pegamos otro día de descanso en Belgrado y visitamos aquello y nos gustó aunque llovió mucho. No es nada nuevo que Belgrado es una ciudad bonita, pero nos sorprendió que el tranvía parecía ser gratis y que un policía nos animó a usar un paso subterráneo en lugar de cruzar la carretera a lo vitoriano con una sonrisa en la cara de oreja a oreja. El mito de los yugoslavos ha caído, al menos para mí. Por lo demás, nos fuimos de allí para ir a Croacia (Hrvatska para los amigos y los que coleccionábamos cromos cuando la Eurocopa del '98) pasando por la sierra de Fruška Gora , donde Alberto no fue el único al que le dolieron las piernas. Cruzamos la frontera en medio de la nada mientras nos sacábamos fotos, lo que no gustó nada al policía del lado Croata, sólo para comprobar que Illok no es lugar para cicloturistas y cruzar a Backa Palanka, al lado serbio del río, donde acampamos (gratis) en una playa fluvial muy cuca pero llena de elefantes succionadores volando por el aire en cuanto dejó de hacer calor. Hicimos táctica mosquitera todo lo rápido que pudimos, pero no pudimos evitar que se sumaran muchas picaduras a las ya abundantes de días anteriores.

 

Puente Osijek
En este puente de Osijek Diego reclama para sí el título de imbatido, aun cuando sabe perfectamente que perdió el único enfrentamiento oficial que se celebró.

 Nos costó bien poco llegar a Osijek, donde encontramos unas piscinas de gran calidad, cantidad y tamaño de entrada gratuita, al lado de las cuales pudimos acampar al precio de múltiples picaduras, una de las cuales me valió una mano hinchada durante un tiempo. Nos quedamos allí descansando un día, aunque Alberto se rebeló y entrenó a hockey subacuático con el equipo de la ciudad, con lo cual se granjeó los odios de sus compañeros.

 

Tobogán Osijek
Diego tirándose por uno de los toboganes de las piscinas gratuitas de Osijek sirvió de excusa para sacar esta foto.

 

Last Updated ( Sunday, 24 August 2008 )
 
Todo preparado para la conquista del Este.
Written by iker   
Tuesday, 29 July 2008

Los tres mosqueperros velan armas antes de lanzarse a la aventura por la antigua Yugoslavia. Bueno, cada uno a su manera. Diego se ha metido hoy entre pecho y espalda 170 km (él se apresura a precisar que son sólo 168, gracias Diego) con Alex Minerales, suponemos que a una media de 32 km/h, para 'soltar'. A las 10 de la noche estaba todavía que daba volteretas. Ya sabemos quién va a llevar la tienda de campaña.

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Ahí está lo que he estado haciendo yo. Con todo el dolor de mi corazón, ha habido que desguazar mi bici nueva y meterla en una caja como la que la trajo al mundo. Ahora sólo falta meter el resto del equipaje...

Alberto, tu caja la veo ahí detrás de la mía, no te digo más...

 

Last Updated ( Tuesday, 29 July 2008 )